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Luis Óscar Moreno García-Cano – Director General de Diplomacia Económica del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación

La diplomacia económica, que se lleva a cabo en estrecha coordinación con toda la Administración española con competencias en esta materia, tiene por objeto la defensa y la promoción de los intereses económicos de España en el exterior. Precisamente, para defender sus intereses económicos en el exterior el Estado debe utilizar todos los medios a su alcance, entre ellos los diplomáticos. Esto supone poner la red exterior al servicio de nuestras empresas y potenciar la imagen económica de España, como un país que cuenta con empresas liderando los rankings internacionales en sectores con alto valor añadido.

Todos los países de nuestro entorno con una presencia internacional consolidada han desarrollado importantes políticas de apoyo para fomentar la internacionalización y fortalecer su imagen-país. Y España no es una excepción. Además, en un mundo global con una fuerte competencia internacional, que se ha intensificado con la pandemia, la diplomacia económica se hace más necesaria que nunca y se convierte en una prioridad política al servicio de la reactivación económica y la mejora de la imagen económica de España y sus empresas. Se trata, en definitiva, de contribuir así a potenciar la recuperación económica, por la vía de la demanda externa.

Además, el profundo proceso de internacionalización experimentado por la economía española, hace más pertinente si cabe la diplomacia económica. Los intereses de España en el exterior son en gran parte, y cada vez más, intereses económicos. Esto no era así hace apenas 30 años, cuando las inversiones de España en el exterior eran prácticamente inexistentes y nuestras exportaciones de bienes se situaban por debajo de los 50.000 M€ y suponían un porcentaje reducido del PIB. En 1993 las exportaciones españolas de bienes y servicios ascendieron a 70.009M€, el 18,3% del PIB, siendo el grado de apertura del 38,7%.  En 2019, las exportaciones de bienes y servicios ascendieron a 432.000M€, el 34% del PIB, el 2º país de la UE entre las grandes economías, sólo por detrás de Alemania y por delante de Francia e Italia, con un peso más elevado de las exportaciones de bienes y servicios sobre el PIB, y un grado de apertura del 67%. Tampoco era así hace 20 años, aunque ya había empezado un proceso de internacionalización de las grandes empresas españolas.   Desde 1999, las exportaciones de mercancías han crecido casi un 180%, aproximadamente lo mismo que las de servicios.  El stock de inversión directa española en el extranjero en 2003 era de 118.896M€, frente a los 562.931M€ de 2018, último dato disponible, siendo España en 2019 el 13º inversor en el mundo y 2º inversor en Latinoamérica.

Estos datos hablan por sí solos del grado de internacionalización de la economía española hoy en día, plenamente inmersa en la economía global. Tenemos más de 200.000 empresas exportadoras, casi 53.000 de las cuales son exportadores regulares, frente a las 99.279 empresas exportadoras en 2003, de las que 33.289 eran exportadores regulares, lo que supone un incremento del 111% y 59% respectivamente en estos años. Las empresas del IBEX tienen más del 65% de su negocio en el exterior. El importe total de los contratos conseguidos por las empresas en 2018 ascendió a 70.675,4 millones de euros, siendo el segundo país a nivel mundial en este sector, facturando más de 70.000 M$, por delante de Francia, Alemania, Estados Unidos y Corea.

España ha incrementado exponencialmente su proyección económica en el mundo y las empresas españolas, que hace apenas dos décadas tenían una presencia internacional limitada, están presentes hoy en día en todas las áreas geográficas, aunque con diferente peso según los países y sectores.

La internacionalización de la economía española es un proceso irreversible y positivo pero ello nos hace también vulnerables a los acontecimientos externos. Y ahí es donde la acción exterior del Estado es necesaria.

¿Cuáles son estos riesgos? Podemos clasificarlos principalmente en riesgos derivados de conflictos en zonas geográficas que afectan a nuestros intereses económicos; contenciosos que sufren nuestras empresas en el exterior, como nacionalizaciones, problemas en proyectos en ejecución, o licitaciones a las que concurren nuestras empresas que necesitan respaldo político.

Además, las empresas españolas están experimentando desde hace años una competencia desleal creciente por parte de empresas que cuentan con subsidios y otras ventajas de tipo financiero, a lo que se suma el fuerte impacto de la pandemia sobre la economía española derivado de nuestra particular estructura económica. España cuenta con un elevado porcentaje del turismo en el PIB (el más elevado entre los países de la OCDE) y un alto porcentaje de PYMEs en la composición del tejido empresarial.

Por ello, las acciones encaminadas a la defensa de la imagen y reputación económica de España en el exterior representan uno de los principales ejes de acción de la Diplomacia Económica, ya que la imagen influye en la capacidad de las empresas para competir en el exterior, conseguir financiación, adjudicarse licitaciones, atraer inversiones y en la capacidad de un país para influir en los acontecimientos internacionales. La imagen exterior de un país y la percepción que se tiene de éste son un claro factor de competitividad. Y si bien la imagen general de España en el mundo es buena, sigue existiendo cierta falta de información sobre sus empresas y sus capacidades. Nuestras empresas ocupan posiciones de liderazgo internacional en sectores como el de las energías renovables, las infraestructuras sostenibles o la gestión del ciclo del agua, pero estos logros a veces no son suficientemente conocidos ni dentro ni fuera de España.

España tiene relevantes activos económicos Imagen-País, contamos con la primera empresa del mundo en infraestructuras y varias empresas españolas en el “top ten”; con empresas líderes en las energías renovables; con uno de los mayores grupos de distribución de moda cuyo modelo de negocio es estudiado en las escuelas de negocio más prestigiosas del mundo; o con una de las compañías líderes en la producción de medicamentos derivados del plasma y medicina transfusional. Pero estos éxitos no son suficientemente conocidos o valorados. No se ha producido una actualización completa de la imagen de España en términos económicos, por lo que desde la Dirección General de Diplomacia Económica estamos volcados entre otras cuestiones, en trabajar en colaboración con las empresas, principales organizaciones empresariales públicas y privadas y el resto de la Administración española en dar a conocer estas fortalezas para que la divergencia entre realidad y percepción no limite nuestro potencial de crecimiento internacional  y capacidad de  atracción de inversión extranjera.     

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