Mabel Klimt es socia directora de la firma Elzaburu. Cuenta con amplia experiencia en propiedad intelectual y estructuras de financiación para producciones audiovisuales nacionales e internacionales, artes escénicas y espectáculos musicales. Mabel también es secretaria de la Asociación de Productores Audiovisuales (PATE) y de la Alianza Industrial Audiovisual (ALIA), miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y diputada del Ilustre Colegio de Abogacía de Madrid (ICAM).
Tanto en el año 2022 como en el 2023 fue elegida ‘Top 250 Women in IP’ en el prestigioso ranking IP Stars. Así mismo, aparece reconocida en los principales índices internacionales de abogados para su especialidad, destacando entre ellos su mención en el listado mundial y en el europeo de Chambers, Legal 500 o Best Lawyers.
Este año Elzaburu celebra 160 años de trayectoria. ¿Qué significa alcanzar un hito así en un entorno tan dinámico como el de la propiedad industrial e intelectual?
Es un orgullo… y también una responsabilidad. Un orgullo, por tantos años de trayectoria con el trabajo bien hecho; y una responsabilidad en cuanto a los desafíos que nos quedan por afrontar, con el compromiso de mantener nuestro listón de excelencia siempre en lo más alto. Pero, sobre todo, es un hito para todo el sector legal, ya que ostentar el título de firma decana nacional no solo refleja nuestra capacidad de adaptación y evolución a lo largo de generaciones sin perder nuestra esencia, sino que también simboliza la confianza continua de nuestros clientes.
¿Qué momentos clave han definido la evolución de Elzaburu desde su fundación hasta la actualidad?
Elzaburu se fundó en 1865, cuando reinaba todavía Isabel II en España y el teléfono y la televisión aún no se habían inventado. Desde entonces, la firma ha atravesado etapas brillantes y otras profundamente complejas, como la Guerra Civil Española. Pero también hemos sido protagonistas de hitos trascendentales que han marcado el desarrollo de la propiedad industrial e intelectual en España. Fuimos pioneros en registrar la primera marca internacional en español y los primeros diseños industriales. Participamos en la protección de algunos de los grandes inventos de la humanidad como la bombilla, el teléfono, el cinematógrafo, la máquina de escribir o de coser y algo muy significativo: contribuimos a la consolidación del español como idioma oficial en foros internacionales.
Más recientemente, nos hemos adaptado al nuevo entorno creando nuevas áreas especializadas como piratería, litigios de propiedad industrial, derecho digital y propiedad intelectual enfocada en la industria audiovisual y entretenimiento o asesoramiento en la financiación de la I+D+i. Cada etapa ha reflejado nuestro compromiso con la protección y puesta en valor de los activos intangibles.
¿Cómo definiríais hoy la marca Elzaburu y cuál es su propuesta de valor diferencial?
La marca Elzaburu es, actualmente, junto con el talento de nuestro capital humano, el principal activo de la firma. En cuanto al valor diferencial de la misma, te diría que, sin duda, es nuestra cultura: somos como la sanidad pública o la banca suiza; que no escatima en esfuerzos ni recursos para ofrecer el mejor servicio posible en todo momento.
La excelencia no es una opción para nosotros; es parte indivisible de nuestra forma de hacer las cosas. Pero también lo es la profundidad de nuestras capacidades en torno a la propiedad industrial. Todo lo que una marca pueda necesitar lo encuentra en Elzaburu. Esta visión, unida a nuestro compromiso con la excelencia, nos convierte en socios estratégicos de referencia para quienes apuestan por el valor de sus intangibles.
En un sector de alta especialización, ¿qué papel juega la marca en la construcción de la confianza?
En tiempos tan líquidos, tan cambiantes, tan crispados en los que vivimos, tener un marco de seguridad en la protección de los activos intangibles es casi un salvavidas. Y creo que, desde esa perspectiva, las marcas cumplen un poco esa función, al ser una promesa sostenida en el tiempo para transmitir confianza en la reputación de los productos y servicios, en un entorno donde la fiabilidad lo es todo.
La transformación digital es un factor que también afecta al ámbito jurídico y de propiedad intelectual. ¿Cómo estáis afrontando esta evolución?
Esta pregunta podría responderse desde dos vertientes: internamente, hemos afrontado este reto en nuestra firma con un plan tecnológico muy ambicioso. El plan busca maximizar nuestro potencial y mejorar procesos y prestaciones, combinando una investigación minuciosa de los productos y herramientas disponibles en cada momento con una inversión relevante.
Externamente, trabajamos activamente para anticipar y dar respuesta a las nuevas necesidades de nuestros clientes. Contamos con un grupo de trabajo dedicado a revisar y actualizar nuestra propuesta de valor y nuestros profesionales participan en iniciativas de investigación y divulgación junto a universidades e instituciones. Esta conexión constante con el entorno académico y con los cambios del sector es clave para afrontar el futuro con conocimiento, criterio y capacidad de adaptación.
¿Cómo contribuye la propiedad industrial al crecimiento de la imagen de España y de sus empresas?
Para mí, de manera totalmente decisiva. Las marcas permiten la diferenciación de nuestros productos y servicios en un mercado global cada vez más competitivo y a cada marca se le asocian unos valores, unos baremos de calidad, una reputación, etc., que refuerza la confianza de los clientes, permite diferenciarla de la competencia y facilita su consumo.
Además, por supuesto, este apoyo comercial está asociado a nuestra identidad cultural, que viaja junto con nuestros productos y servicios y ayuda, sin ningún género de duda, a reforzar la marca España.
En los aniversarios, además de echar una mirada al pasado, siempre se aprovecha también para mirar hacia el futuro. ¿Cuáles son vuestros principales retos de cara a los próximos años?
Estando sólidamente consolidados en propiedad industrial e intelectual y con un claro liderazgo en gestión de marcas, hemos asumido hace mucho tiempo que, sin importar nuestro tamaño, tenemos espíritu de boutique por nuestra orientación y cercanía al cliente.
Lo nuestro es y será siempre la gestión de intangibles, el objetivo es siempre el mismo y no cambia, aunque se renueve constantemente: explorar los límites del mundo conocido en la gestión de intangibles y ampliar negocio. Crecer, siempre crecer. Como diría el recientemente fallecido expresidente de Uruguay, José Mujica: “no se puede vivir de recuerdos, sino de porvenir”, y Elzaburu tiene más porvenir que nunca.
