Alicia Coronil Jónsson, economista jefe de Singular Bank, analiza los cambios a los que nos enfrentaremos tras la reactivación de la actividad económica y diaria, teniendo en cuenta la pandemia no solo ha tenido y tendrá un impacto en la economía y la salud, sino que también generará importantes transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y de liderazgo. Este contenido forma parte de ‘Reflexiones para la recuperación’, un espacio del Foro de Marcas donde se comparten los análisis y las reflexiones de expertos frente a la crisis generada por el COVID-19.

La crisis del Covid-19 no sólo ha transformado nuestra vida, sino que ha sumergido a la economía global en su mayor recesión en tiempos de paz desde la II Guerra Mundial. Tras mutar el brote del virus de China en una pandemia mundial, los Gobiernos para frenar su ritmo de propagación y contagio han adoptado diferentes medidas de confinamiento y aislamiento social, que afectan en estos momentos a más de un 50% de la población mundial. Una paralización de la actividad económica que ha generado un doble shock de oferta y de demanda, provocando que el FMI estime una contracción del PIB global de un 3% este año, siempre que se logre controlar la pandemia y reactivar progresivamente la actividad económica en el segundo trimestre del año. Para ello será necesario adoptar medidas consensuadas a nivel internacional y nacional que frenen la destrucción de empleo y el cierre de empresas, especialmente las de menor tamaño y las de sectores fuertemente afectados como el turismo, el transporte de pasajeros, la hostelería y el comercio minorista, entre otros.

En concreto, según el Banco de España, en el caso de nuestro país cada semana del estado de alarma estaría suponiendo una reducción de casi el 100% de la actividad en la hostelería, restauración y ocio, de un 60% en el transporte, y de aproximadamente un 50% en el comercio al por menor y al por mayor. Mientras en el caso de la industria, el descenso de la producción habría sido de en torno un 30%, tomándose como supuesto la pérdida total de la fabricación de vehículos de motor. Una cifra que no sólo muestra una mayor resiliencia de determinadas ramas industriales por su grado de internacionalización o por ser consideradas esenciales, sino también por estar vinculadas a los hábitos de consumo que ganarán protagonismos en la que será la nueva normalidad de nuestras vidas a corto plazo.

«La pandemia del Covid-19 dejará tras de sí la irreparable pérdida de vidas humanas y un elevado coste emocional y socioeconómico, pero también generará importantes transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y de liderazgo.»

En este escenario de recesión, en el que las economías avanzadas podrían afrontar una contracción de su PIB en un rango promedio de entre un 6% y un 10% anual en 2020, debemos de ser conscientes de que a pesar de que previsiblemente se produzca una recuperación en forma de U con un repunte del crecimiento en 2021, no se logrará alcanzar los niveles de riqueza previos a la crisis del coronavirus al menos hasta 2022. Todo ello en un escenario condicionado a la evolución de la pandemia, a que se logre desarrollar una vacuna y un tratamiento frente al Covid-19, a la eficiencia de sus medidas de control, a que se eliminen las restricciones de movimientos de pasajeros, a un adecuado desarrollo de la política económica y a que los ciudadanos recuperemos la confianza en nuestro futuro inmediato, entre otros factores. Es decir, las empresas deberán tomar y adaptarse a un nuevo entorno marcado a priori por la falta de visibilidad y unos elevados niveles de incertidumbre y volatilidad.

La pandemia del Covid-19 dejará tras de sí la irreparable pérdida de vidas humanas y un elevado coste emocional y socioeconómico, pero también generará importantes transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y de liderazgo, como ha ocurrido en otras profundas crisis que han superado las generaciones anteriores. Así, no sólo traerá consigo una mayor regionalización del comercio y una reconfiguración de las cadenas de valor globales, sino también la necesidad de reforzar los sistemas sanitarios, nuevas medidas de seguridad sanitaria y un mayor protagonismo del comercio electrónico, de la robotización y de la inteligencia artificial. Todo ello en un contexto en el que surgirá una nueva normalidad en nuestros hábitos a corto plazo, en la que los consumidores darán prioridad al consumo básico, la educación, la salud y el ahorro ante la pérdida de poder adquisitivo, la incertidumbre y las medidas de aislamiento social. Por tanto, será clave observar cuál es el comportamiento de los ciudadanos en los países que ya han anunciado la reactivación progresiva de su actividad económica y diaria como Alemania, Italia, Francia o Dinamarca.

A corto plazo, esta nueva normalidad generará profundos cambios en áreas tan relevantes como la salud, nuestra forma de trabajar, la digitalización, el ocio, la hostelería y el turismo. En cada una de ellas aumentarán el peso de nuestro consumo en determinadas gamas de productos, en detrimento de otros. Por ejemplo, en salud previsiblemente daremos más valor a la salud preventiva, al equipamiento sanitario, a los seguros médicos o a la biomedicina, entre otros. Por su parte, en el sector turismo, clave en nuestra economía, su recuperación se producirá de forma progresiva apoyada inicialmente por el turismo local, mientras que la llegada de turismo extranjero se producirá paulatinamente a partir de 2021.

Sin embargo, no debemos olvidar que la teoría del ciclo económico nos demuestra que a medio y largo plazo el crecimiento posee una tendencia creciente, generando tras una crisis nuevos periodos de prosperidad. Éstos no sólo se apoyan en los cambios que se producen a corto plazo en la sociedad, sino también en las macrotendencias que marcan la evolución de la sociedad. En concreto, debemos seguir poniendo la vista y adaptar nuestro tejido empresarial a todos los retos y oportunidades que abren los grandes cambios sociales, tecnológicos, geopolíticos y medioambientales que vivíamos antes de la disrupción del Covid-19. En torno a ellos, es decir, el envejecimiento de la población, el creciente protagonismo de la mujer en el mercado laboral, la sostenibilidad de las ciudades, la digitalización o la transición energética, entre otras, las empresas españolas demostrarán una vez más su capacidad de adaptación, creatividad y liderazgo. Para ello, indudablemente, requerirán de un entorno laboral, fiscal y regulatorio competitivo y de una mayor colaboración público-privada. Pero también, al mismo tiempo, ser un actor esencial en el diseño de la estrategia de país que nos permita lograr un crecimiento sostenible e integrador tras este duro evento que marcará nuestras vidas.

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