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Cristina Ysasi-Ysasmendi – Directora general corporativa de LLYC

En este inesperado 2020, LLYC cumple 25 años. Una efeméride que marca una larga y, a la vez, joven trayectoria, y que coincide con un punto de inflexión o turning point global: la certeza de que lo vivido este año cambiará para siempre nuestras vidas.

Nuestra manera de relacionarnos y de conducir nuestras responsabilidades han quedado profundamente alteradas. Si algo hemos repetido este año es que nada será igual. Nada escapa a la profunda alteración que la COVID-19 ha supuesto para todos en todos los ámbitos, el primero y más importante, la salud.

También ha cambiado cómo nos mostramos hacia el exterior. Más cercanos (en la distancia), más vulnerables y, a su vez, más seguros de qué queremos. Y esto afecta a los modelos de liderazgo. Si algo veníamos vislumbrando en estos años, casi intuyendo, era el cambio en la forma de liderar. Y si algo se ha acelerado vertiginosamente es ese cambio.

Desde la explosión de la última gran crisis económica y a lo largo de la última década, la sociedad global se ha sumido, aceleradamente, en un contexto cada vez más volátil, de incertidumbre, complejo y ambiguo. Una coyuntura en la que el papel de los grandes líderes adquiere mayor relevancia cuando la mirada de la ciudadanía se dirige, irremediablemente, hacia quienes deben llevarnos por este incierto camino o hacia quienes emergen como nuevos referentes. En ese contexto, los liderazgos tradicionales se erosionan y emergen nuevos valores, nuevas percepciones y nuevos estilos.

Ciertamente, también la irrupción de la COVID-19 ha precipitado el cambio de paradigma. La crisis provocada por la pandemia ha evidenciado, de forma clara, que la sociedad demanda nuevos modelos. En este año hemos visto emerger a nuevos líderes en ciudadanos de a pie; hemos visto cambios de actitud en empresarios, políticos u otros líderes tradicionales que han suavizado su mirada y alterado su discurso ante lo ocurrido. También ha quedado palpable que los nuevos entornos, en cualquier lugar del mundo, demandan líderes innovadores con visión y capacidad de adaptación, con habilidad para actuar, ágiles en la toma de decisiones, con empatía, capaces de comunicar, generar compromiso e inspirar: dimensiones altamente valoradas que, sin embargo, se diluyen en el ruido de la vorágine generada por los múltiples canales de comunicación.

En este contexto disruptivo se sitúa nuestro estudio Future Leaders, un análisis desarrollado en colaboración con Trivu, ecosistema global que impulsa oportunidades para el talento joven, en el que, coincidiendo con nuestros 25 años de trayectoria, hemos querido poner la mirada en el futuro, utilizando herramientas avanzadas de análisis de datos para detectar cómo son y serán nuestros nuevos líderes.

Se trata de un amplio y ambicioso estudio que desgrana, a través de técnicas de Inteligencia Artificial y procesamiento lingüístico, de qué hablan, cómo piensan o cuáles son los valores de las nuevas generaciones de líderes.

Existen evidencias de que hay una correlación entre cómo hablamos y cómo somos, pensamos y sentimos. En esta línea, el lenguaje es uno de los vehículos movilizadores esenciales para los líderes; además, con la proliferación de las nuevas tecnologías, la huella narrativa y discursiva de estas figuras en el entorno digital es tan amplia como reveladora.

Por ello, hemos desarrollado una exhaustiva prospección de los contenidos y discursos disponibles en la red de una selección diversa de jóvenes líderes, nacidos después de 1990, de 12 países. Tras llevar a cabo un ejercicio similar con una muestra de líderes contemporáneos, el informe permite intuir un perfil de ambos grupos y establecer una comparativa para contrastar las dimensiones más personales de ambas generaciones.

Algunas cifras del estudio revelan su dimensión: hemos analizado a 120 jóvenes líderes; más de 1 millón de palabras; 11.700 tuits; casi 9.000 publicaciones de Instagram y YouTube; más de 200 cuentas… Y ante las preguntas: ¿qué valores caracterizan a este grupo?, ¿cuáles son los rasgos de personalidad más preponderantes en esta comunidad?, ¿qué tipo de lenguaje emplean?, ¿en qué se diferencian respecto a los líderes actuales?, encontramos algunas respuestas.

Partimos del concepto del liderazgo transformacional. Este modelo visualiza al líder como aquel que incorpora el trabajo en equipo para identificar un cambio necesario, crea una visión para guiar el cambio a través de la inspiración y ejecuta el cambio en conjunto con los miembros comprometidos de un grupo.

Tomando esta base, los Future Leaders identificados han sido seleccionados teniendo en consideración su potencial desarrollo como líderes transformacionales, partiendo de tres criterios básicos: la tenencia de un propósito, su potencial movilizador y, finalmente, su capacidad de influencia.

Pues bien, aplicando el modelo Big Five y definiendo un ‘retrato robot’, descubrimos que se trataría de personas extrovertidas y abiertas, comprometidas con la búsqueda de cambios en el mundo, responsables y con un alto control emocional y a las que no les asustan los retos ni se desaniman fácilmente.

Frente a los líderes actuales, que son asertivos, pragmáticos y ordenados para ser eficientes, los nuevos líderes son responsables y trabajadores, abiertos de mente, con curiosidad alta, amables, cooperantes y respetuosos con el bienestar de los demás, llegando a situarse en el punto medio entre lo individual y lo colectivo. Son conscientes del impacto de las personas en el mundo externo y de la necesidad de trascender de uno mismo y pensar más en lo colectivo. Su liderazgo es más emocional y altruista y, aun teniendo en común con los actuales su apertura mental y valoración de la responsabilidad, las grandes diferencias entre los líderes actuales y los Future Leaders están, principalmente, en las emociones y la sensibilidad hacia fuera o ‘lo que no soy yo’.

Si atendemos al análisis de los sustantivos empleados por las dos generaciones de líderes, observamos que los Future Leaders cuentan con un discurso mucho más centrado en valores comunitarios, sociales y anclado a la importancia del team-play: palabras como «Vida», «Personas», «Mundo», «Familia», «Amigos», «Amor», «Equipo» o «Apoyo» aparecen en el top-50 de conceptos más recurrentes.

Respecto a las diferencias en la frecuencia de uso de algunos conceptos, la palabra «Gracias» es la expresión más empleada por los nuevos líderes, lo que refuerza la idea de que están mejor situados en el eje individuo-comunidad y ejercen, en mayor grado, la gratitud. Su carácter altamente emocional se ratifica también a través del estudio semántico. Adjetivos como «Hermoso», «Increíble», «Maravilloso», «Favorito», «Bonito», «Positivo», «Lindo» o «Bello», forman parte del top-50 de adjetivos más comunes en la nueva generación de líderes. Si atendemos al cómputo global de todos sus discursos, descubrimos que el uso de palabras emocionales es mucho más abundante en su discurso y que, en su gran mayoría, emplean palabras y expresiones de carácter positivo.

A su vez, las nuevas generaciones hablan más sobre el futuro y cuentan con un ímpetu mucho más constructivista. El análisis verbal evidencia una mayor tendencia a la acción por parte de los Future Leaders. Emplean con mayor asiduidad el verbo «Hacer» frente a «Decir», apelan con más frecuencia a la acción de «Trabajar» y «Lograr, y hablan de. «Crear» y «Generar». De hecho, conjugan en mayor medida los verbos en futuro: «Tendremos», «Haremos», «Daremos», «Compartiremos».

La nueva generación usa un discurso más pasional y comunitario, con una fuerte orientación a lo comunitario: destacan verbos como «Ayudar», «Compartir», «Sentir» o «Participar» y palabras como «Amar», «Perder» o «Lograr», y llama la atención la mayor predisposición a comprender su alrededor y al aprendizaje. Verbos como «Aprender», «Encontrar», «Conocer», «Buscar», «Entender» o «Escuchar» son mucho más comunes en sus intervenciones públicas.

En conclusión, el informe Future Leaders refleja que la gran diferencia entre los líderes actuales y los nuevos modelos recae en la emocionalidad del liderazgo, la sensibilidad hacia el entorno y un acusado interés por trascender su ‘yo’ individual. Unos rasgos que, seguro, tendrán mucho que aportar a quienes, en este nuevo entorno incierto, habrán de conducirnos por un mundo que busca nuevos referentes.

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