Ana Herrera González

Research & Knowledge Manager, Adigital

En los últimos años, estamos viendo un creciente interés por la digitalización de la economía. Lo que era un fenómeno aislado, se ha generalizado y, a día de hoy, ya afecta a la totalidad de los sectores y debe convertirse, si no lo es ya, en una prioridad de la agenda de empresas e instituciones.

En los informes que analizan, de forma comparativa, la posición en materia de digitalización de los diferentes países del mundo, vemos que España ocupa un lugar intermedio. Por ejemplo, estamos en la posición 14 en el Digital Economy and Society Index (DESI) 2017, índice que compara a los 28 países de la UE, mejorando en un puesto frente a DESI 2016. En el índice NRI (Networked Readiness Index) que realiza el World Economic Forum, estamos en la posición 35 de 139. Antes de pensar en que éste sería un buen resultado, debemos tener en cuenta que en esta comparativa se incluyen la inmensa mayoría de los países del mundo, esto es, economías mucho menos desarrolladas que la nuestra.

Si revisamos en detalle algunos indicadores de estos o de otros informes, tenemos buenas y malas noticias.

Empecemos por las malas noticias…

No es nuevo que se hable sobre la calidad de nuestro sistema educativo. España ocupa la posición 84 de 151 en la calidad de la educación básica en matemáticas y ciencias, según datos del World Economic Forum, materias en las que debemos mejorar teniendo en cuenta que son áreas clave para el desarrollo de profesiones TIC relacionadas con el desarrollo o el análisis de datos.

La educación condiciona nuestra capacidad de generar profesionales digitales para el futuro, pero la realidad es que, a día de hoy, tan solo el 2,4% del total de los trabajadores en nuestro país son especialistas TIC, muy lejos de países como Finlandia o Suecia, donde más de un 6% de los empleados ya están vinculados a profesiones tecnológicas. Parece razonable pensar que esto puede tener un impacto negativo en la requerida transformación digital de la economía española.

Si nos centramos en analizar aspectos relacionados con la innovación, los resultados tampoco invitan al optimismo.

La inversión en I+D retrocede cada año en relación al PIB desde hace ya seis. Según los datos proporcionados por COTEC, aunque en términos absolutos el gasto aumenta, no lo hace en relación al crecimiento del PIB en el año 2016. España pierde puestos en Europa y ya está por debajo de países como Estonia, Eslovenia, Hungría o Portugal en materia de I+D. En cuanto al reparto, se reduce la inversión en investigación pública y, aunque las empresas aumentan sus inversiones, nos quedamos muy lejos de la media europea. Por otro lado, paradójicamente, España es uno de los países del mundo en los que más titulados se doctoran, según datos de OCDE.

Además, estamos a años luz de los grandes hubs europeos en inversión en tecnología. Según datos de dealroom.co, Reino Unido lidera el top con 5400 millones de dólares en 2017, Francia y Alemania superan los 2000 millones de dólares, y España (4ª) se queda por debajo de 1000 millones de dólares. La buena noticia es la inversión total en España entre 2012 y 2016 apenas es el doble que el capital invertido solo en 2017, por lo que el crecimiento es más que notable y abre una puerta a la esperanza.

Eso sí, si centramos el análisis en inversión en Deep tech (AI, IoT, Blockchain, SaaS, VR…) caemos de la 4ª a la 9ª posición del ranking en volúmenes de inversión, superados por países como Holanda, Finlandia o Irlanda, que son países con PIBs sensiblemente inferiores al español. Son datos del informe de 2017, The State of European Tech, elaborado anualmente por el fondo de inversión Atomico

Por último, revisando el papel de la Administración Pública como consumidor, vemos que la compra pública innovadora también se resiste. Estamos en el puesto 85º de un total de 151 países según el Networked Readiness Index del World Economic Forum. Aunque la ley de contratación del sector público ha sido modificada recientemente y ha reducido la solvencia técnica necesaria para que empresas que nueva creación puedan presentarse a licitaciones públicas, estos cambios regulatorios no son suficientes para promover una verdadera compra innovadora que permita a las Administraciones Públicas localizar y apostar por soluciones novedosas que incrementen la eficiencia de los servicios públicos y, por otro lado, sirvan de apoyo para una mayor inversión en I+D+i de las PYMEs españolas.

…aunque también tenemos razones para ser optimistas  

Una de ellas es el dinamismo del ecosistema emprendedor. España es el 4º país de Europa en número de encuentros tecnológicos, Madrid y Barcelona están en los puestos 5 y 6 en el ranking de ciudades con más meetups de este tipo según datos de la propia plataforma. Además, y esto también es importante, no son las únicas ciudades españolas que aparecen en el ranking, también lo hacen Valencia y Sevilla. El carácter descentralizado del ecosistema se traduce, además, en la incorporación de Valencia, por primera vez, en el European Digital City Index de Nesta, consolidándose como un pujante tercer ecosistema dentro de España.

Por otro lado, destaca el volumen de desarrolladores profesionales existentes. Según Github, la plataforma de gestión y colaboración de proyectos de desarrollo, Madrid y Barcelona están en las posiciones 4 y 6 en su lista de ciudades europeas con más usuarios y, según StackOverflow Dev Insights, importante plataforma de intercambio de conocimiento para programadores, Madrid ya cuenta con el mismo número de desarrolladores que Berlín.

El atractivo de nuestro ecosistema se puede comprobar en que Madrid está en el Top 5 de ciudades elegidas para vivir por profesionales de la tecnología extranjeros (tanto europeos como no europeos).

Otro aspecto interesante de nuestro país es la aceptación de la tecnología y el consumo digital, tal y como nos desvelan algunos indicadores. España es el cuarto mercado europeo de ecommerce como muestran datos del European Ecommerce Report de 2017, solo superado por Reino Unido, Alemania y Francia.

El 81% de los españoles tenemos un smartphone —¡y algunos incluso varios!— según un estudio de Kantar TNS. También hay un porcentaje relevante de usuarios de redes sociales: el 54% de la población está registrada en al menos una, según datos de We are social, pero es que, además, las usamos casi a diario: Facebook confirma que el 64% de sus usuarios en España se conectan a la red cada día.

La confianza en la tecnología (y en las personas detrás de la misma) ha permitido que los españoles nos estemos incorporado masivamente a la economía colaborativa. Según un informe de PwC, ya en 2015 éramos el país europeo donde más proporción de la población conocía y usaba este tipo de plataformas.

Y, también, respecto a la confianza, el Digital Evolution Index 2017 indica otro aspecto interesante sobre los españoles como consumidores digitales. Al responder a un cuestionario sobre seguridad y privacidad del entorno digital, los españoles se muestran dubitativos pero, y aquí viene la parte positiva, la realidad de su comportamiento y su experiencia es completamente distinta, demostrando confianza real en empresas, instituciones, mecanismos de reclamación, etc. 

Por último, y no menos importante, España puede presumir de ser una verdadera potencia en lo que tiene que ver con servicios públicos digitales y open data

España es el número 2 de Europa en Open data. Según el European Data Portal, solo Irlanda nos adelanta. El portal de datos públicos abiertos español, (http://datos.gob.es/) ya dispone de más de 16.000 datasets, y existen múltiples iniciativas regionales y locales para una mayor apertura de los datos públicos. España tiene tanto que decir en Open data que hace un año, Madrid fue sede del evento IODC (International Open Data Conference), la cita más importante de datos abiertos a nivel mundial, que reunió a más de 1.500 asistentes alrededor.

Del mismo modo, somos el 7º país del mundo en e-Participation, esto es, en la relación de los ciudadanos con el gobierno a través de medios electrónicos. Lo indican los datos del Banco Mundial comparando 193 países que confirman la utilización de estos medios para realizar consultas y, también, para participar en procesos de decisión de las administraciones públicas. Además, en el índice de eGoverment, las instituciones españolas están en el top 20. Destaca, sobre todo, el Índice de Servicios Online (OSI), donde España se sitúa de nuevo en la cabeza del mundo.

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 Con toda esta información sobre la mesa, habrá lectores que piensen que España progresa adecuadamente y otros que se centren en los muy diversos aspectos en los que hay que mejorar. Nos quedemos con la parte que nos quedemos, hay una realidad innegable y es que nuestro país no obtiene buenos resultados en ratios que son clave, no solo para el presente, sino también para el futuro, como son la investigación y la inversión en desarrollo tecnológico o la preparación de profesionales TIC. Por eso, no tenemos tiempo que perder a la hora de tomar medidas que favorezcan la corrección de estos y de otros indicadores si queremos situar a nuestro país a la cabeza de la digitalización mundial.

*Gráfico extraído del blog de Adigital

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