Marta González-Moro – CEO de 21gramos e impulsora de Marcas con Valores

Asistimos a un proceso de transformación cultural en el que la sociedad – más líquida y colaborativa que nunca – está tomando conciencia del cambio de rumbo que necesita para sobrevivir. Un contexto en el que las empresas, como creadoras y distribuidoras de progreso, tienen el deber moral de tomar partido.

En estos días, en los que tanto se habla de propósito en el mundo empresarial, y en un momento en que la capacidad que tengamos para acometer y acelerar los desafíos identificados en la Agenda 2030 marcará el ritmo de la transformación cultural de nuestra sociedad, ser una Marca con Valores supone un compromiso que va mucho más allá de la declaración de intenciones para pasar a asumir, con responsabilidad, un papel protagonista.

Y no solo se trata de una cuestión de comunicación, propósito o valores. Se trata de ética. Porque la sostenibilidad – económica, social y medioambiental- es la gran cuestión ética de este siglo, como lo fue en el siglo XX la igualdad racial o el estado de bienestar, y por ello las empresas tienen la obligación moral de posicionarse a favor de la sostenibilidad sin más demora.

¿Quién mejor que una empresa eficiente y eficaz tiene la capacidad para impulsar la transformación necesaria? Lograr el apoyo de los consumidores-ciudadanos para que confíen en ti, te recomienden, compren, inviertan o sumen su talento es el reto de las empresas ahora, pero también la oportunidad para poner en valor su compromiso real, con modelos más éticos y sostenibles. Todo proceso de transformación requiere de valentía y capacidad de renuncia; tener el poder de la transformación implica estar dispuesto a renunciar a un rédito cortoplacista por una visión estratégica de largo plazo.

Actuar con el ejemplo

Ser una Marca con Valores hoy, no es una cuestión de etiquetas -si es que alguna vez lo ha sido- sino que tiene que ver, más bien, con la coherencia y consistencia de las organizaciones con su propósito, con generar un modelo de desempeño que ponga a las personas, la crisis climática, la gestión de los recursos y las brechas sociales en el centro de la estrategia.

Tiene que ver con asumir que ciertos modelos de negocio han de cambiarse profundamente y liderar con el ejemplo una conversación que no es, ni puede ser, un monólogo. Porque todos los agentes que forman parte del sistema están dando pasos hacia un modelo en el que no solo exigen, sino en el que también actúan. Vemos movimientos esperanzadores en la ciudadanía, contagiados por las nuevas generaciones activistas, los políticos y legisladores, los inversores y su reenfoque a criterios ISG/ ESG, los medios de comunicación en su lucha contra la posverdad, el esfuerzo en el ámbito científico y cultural y la sociedad civil en su conjunto.

La perspectiva colaborativa en la empresa del siglo XXI

Y el rasgo esencial de esta nueva actitud necesaria ha de ser la perspectiva colaborativa. Se requiere de una capacidad de colaboración real para buscar el cómo ser capaces de enfrentar los desafíos sociales, medioambientales y económicos en un siglo completamente diferente al anterior. Las compañías del siglo XXI han de conectar con todos sus grupos de interés, trabajar y colaborar con ellos, tejer redes en las que no se excluya ni se deje atrás a nadie.

En la era de la tecnología, el gran reto es co-construir una sociedad más humana. El capitalismo del siglo XXI ha de ser más humanista, más transformador y con una visión transversal e inclusiva. Y es, precisamente, la tecnología, la palanca disruptiva que permite una redefinición del progreso.

El líder activista, la figura clave

Ante esta re-evolución, el papel del líder dentro de cada organización – personalizado en la figura del CEO- ofrece la oportunidad de construir e inspirar con un relato auténtico, en el que los intereses de la compañía se aúnen con los intereses de la sociedad, generando una cultura corporativa que será la base de los comportamientos individuales.

Marcas con Valores, movimiento colaborativo impulsado por 21gramos nació, en 2015, con la firme voluntad de impulsar el negocio ético y el liderazgo sostenible basado en el ejemplo. Es esencial entender que el desafío es tan grande que, o lo hacemos juntos, o no será posible. El reto es de y para todos.

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