Francisco-NavarroFrancisco Navarro  – Director del Global Corporation Center de EY/IE Business School y Vice Decano de IE Business School

El mundo del siglo XXI se configura como un formidable desafío para los países, las empresas y las personas. Estamos asistiendo a una nueva revolución soportada por los cambios en las tecnologías, las comunicaciones y las energías.

Durante un gran espacio de tiempo se decía que los países se iban transformando en economías de servicio y la fabricación pasaba a otros países con una estructura de costes menor. Recientemente en Estados Unidos, el gobierno, el MIT (Massachusetts Institute of Technology), y otros importantes centros de investigación  están trabajando para que ese país recupere la fabricación que ha perdido demostrando que no se puede innovar si no se fabrica pues, en última instancia, es el que fabrica el que se queda con la innovación.

El MIT a través del «MIT Production in the Innovation Economy (PIE) Commission» establece que para que Estados Unidos siga obteniendo beneficios de una sólida economía de innovación, debe mantener una base nacional de fabricación igual de sólida.

En la última década, el ecosistema de producción de EE.UU. ha sido «vaciado» y hay que reconstruirlo para alimentar su motor de la innovación. El PIE también hace hincapié en que el sector industrial de EE.UU. es parte de una economía mundial y debe interactuar y ser competitivo a escala mundial

Como vemos, el mundo de la competitividad está cambiando de forma vertiginosa y lo que era verdad, hasta este mismo año, está empezando a cambiar dada la transformación disruptiva tanto de las fuerzas de mercado como de las de no mercado en el que se mueven las empresas en esta segunda década del siglo XXI. Países como China ya no son tan baratos y competitivos para fabricar y esta se traslada a países como México o Vietnam.

Por ello es importantísimo tener en cuenta que la globalización implica realmente una convergencia de mercados y de empresas que hacen que, a igualdad de tecnologías maduras, se compita por costes. Nunca las naciones, las economías, las empresas y las personas se vieron sometidas a cambios tan importantes y tan rápidos como los que están teniendo lugar en estos primeros años del Siglo XXI. Es muy difícil mantener las ventajas competitivas y, el concepto de la sostenibilidad de las mismas, es cada vez más difícil de mantener. Pocas son las empresas que logran dotarse de fuertes barreras de entrada que las proteja de sus competidores.

Estamos entrando en un mundo donde la mayoría de las empresas producen productos o servicios, algunas pocas son capaces de desarrollar tecnologías y solo una elite son capaces de crear los estándares del mercado. La creación y el mantenimiento de valor necesita de un sustento clave como son los activos intangibles. Indudablemente, detrás de esto está la más poderosa fuerza de la que constan las empresas y estas son las personas. El conocimiento de las personas es el activo intangible por excelencia sin el cual es imposible competir en el siglo XXI.

Estos son una parte de los problemas que se van configurando en este comienzo del siglo XXI. Otra parte muy importante a tener en cuenta son los efectos de la geopolítica y geoestrategia de los países.

¿Cómo se está configurando Europa que no acaba de definir su posición en un mundo crecientemente dominado por los nuevos imperios (China, India, Rusia, Brasil y, por supuesto, los EE.UU., que siguen manteniendo esa posición de forma consistente)? ¿Cuál es el alcance y el poder de manejo de grandes cantidades de personas que tienen las redes sociales?

Los hechos de la plaza Tahrir (El Cairo 2011) y la plaza Maidán en Kiev en febrero de 2014 nos muestran que, si la información fue siempre importante y mantenida como poder por partes de las elites hoy, merced a las redes sociales, se ha democratizado y está a disposición de todos con unos efectos, en la conducción de la política de los países,  que pueden ser letales para la estabilidad de los países si los políticos no saben manejar esta fuerza sin límite.

También se están viviendo cambios importantísimos en Internet con la aparición en 2009 del IOT (Internet of Things). De acuerdo con lo publicado por The Cisco Internet Business Solutions Group (IBSG). Evolucionamos porque nos comunicamos. Los seres humanos evolucionan porque se comunican. Por ejemplo, una vez se descubrió y se compartió el fuego, ya no tuvo que ser redescubierto, solo tuvo que ser comunicado. Los datos son la materia prima que se procesa para conseguir la información. Los datos individuales por sí mismos no son muy útiles, pero los grandes volúmenes de datos pueden identificar tendencias y patrones. Esta y otras fuentes de información se unen para formar el conocimiento. En el sentido más simple, el conocimiento es la información de la que una persona es consciente.

Según el IBSG el «Internet de las Cosas» (IoT) consiste en redes de sensores conectados a los objetos y dispositivos de comunicaciones, proporcionando datos que pueden ser analizados y utilizados para iniciar acciones automatizadas. Los datos también generan información vital para la planificación, la gestión, la política y la toma de decisiones.  «IoT” representa la próxima evolución de Internet, y  supondrá un avance enorme en su capacidad para recopilar, analizar y distribuir datos que se pueden convertir en información, en conocimiento y, en última instancia, en sabiduría.

Esta es una somera exposición de lo que se vislumbra en estos primeros años del siglo donde sí podemos dar una predicción segura: es importante que  los países y las empresas se enfrenten con decisión a todos los desafíos teniendo claro que los auténticos problemas a resolver para los seres humanos es que todos tengamos opciones de trabajar en un entorno digno y justo, lo cual pasa por vivir en  países con marcos e instituciones inclusivas que protejan a los ciudadanos y que dediquen parte importantes de su riqueza al desarrollo de tecnologías que nos permitan competir y diferenciarnos en los desafiantes mercados convergentes.

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